Chopiniana y El Pájaro de fuego abrieron la programación, interpretadas ambas piezas por los integrantes del Ballet Marinski, del que Uliana es bailarina principal. La actuación de la ucraniana en Sherezade fue el digno postre de la velada dancística. Acompañada por Carlos Acosta, Lopátkina a la vez que se metía en la piel de la sensual Zobeida iba creando un silencio denso en el impresionante coliseo valenciano. No hay duda de que posee todas las cualidades para que le cuelguen el arriesgado titulo de "la mejor": una técnica perfecta, carácter, elegancia y limpieza en la ejecución. Además es guapa, tiene un cuerpo escultural y un cuello de cisne.
Es cierto que el ballet clásico tiene en la actualidad unas primeras bailarinas de gran calidad, de las que ya hemos hablado en otras ocasiones, pero también es verdad que hay algo dificilmente descriptible en estas raras avis que surgen en contadas ocasiones y que se hacen acreedoras del titulo de excelencia. Uliana es una de ellas y lo sabe; por eso, cuando termina su actuación saluda como la bailarina que es alargando su cuello de cisne y sonriendo al respetable sin disimular lo orgullosa que se siente.
Lo cierto es que ha sido un placer verla bailar, muy bien acompañada por cierto por Carlos Acosta, quien configuró un esclavo muy a la altura de las circunstancias, aunque ya se sabe que cuando se forma pareja con alguien que levanta tanta expectación es inevitable pasar a segundo término. Y eso fue lo que sucedió.
Fue una noche de danza de lujo, a la que no le faltó música en directo, de lujo también, la Orquesta del Teatro Marinski, dirigida por el genial Valerie Guerguiev.