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Con permiso de Florimund (Desirée en otras versiones), tratándose de las Auroras del Royal Ballet, dejaremos a los príncipes en segundo plano. Y es que la gran compañía inglesa tiene un elenco de bailarinas de un nivel difícilmente superable.
Ha sido una orgía de Ballet en mayúsculas la de estos cuatro días, cinco funciones, en el Teatro Liceu de Barcelona. Uno de los ballets más emblemáticos, conocidos y difíciles del repertorio clásico, La Bella Durmiente, bailado por una de las mejores compañías del mundo y en una de las versiones más bonitas que existen actualmente.
Además, la oportunidad única de ver a una Aurora distinta en cada función -excepto en la última en que repitió Tamara Rojo- suponía una tentación difícil de resistir para quienes estamos de verdad enganchados. Y valió la pena, porque Sarah, Tamara, Marianela y Alina estuvieron magníficas. El Liceu, prácticamente colgó el cartel de completo en cada función y se reconcilió con los balletómanos de la ciudad y de muchos puntos de la península.
Esta versión de 2006 de la célebre obra original de Tchaikovsky y Petipa, es una preciosidad en todos los aspectos. Escenografía, caracterización, vestuario, coreografía… Se parte de la versión estrenada por la compañía en 1946 e interpretada por Margot Fonteyn, en la que se han efectuado varias revisiones como la de la danza de las guirnaldas, en el conocido vals, creada por Christopher Wheeldon.
El público del Liceu ha podido apreciar cuatro formas distintas de abordar el papel de Aurora, uno de los más exigentes del repertorio clásico, que ya en la primera aparición de la princesa en escena, en el primer acto, debe enfrentarse al celebérrimo adagio de la rosa.
Sarah Lamb en la función del sábado por la tarde nos deleitó con sus preciosas líneas. Fue una Aurora bonita y dulce que cumplió con absoluta corrección aunque adolezca aún de seguridad, algo que sin duda irá adquiriendo conforme vaya abordando el personaje.
En la función de la noche fue el turno de Tamara Rojo quien, como de costumbre, hizo una demostración de su gran dominio de la técnica, con equilibrios imposibles e incluso aportando alguna complicación añadida a sus variaciones. Éxito rotundo el de la bailarina madrileña sobradamente conocida en Barcelona, donde ha actuado en muchas ocasiones. Por lo visto la función del martes –ella cerró las representaciones- fue aún mejor.
Nos contaron que el domingo por la tarde, Marianela Nuñez hechizó a la audiencia. Lamentablemente nosotros nos perdimos su actuación, otra vez será, porque ciertamente es una bailarina cuyo perfil parece del todo adecuado para este papel.
Y el lunes volvimos a tener en escena en el Liceu –el año pasado fue Nikiya en La Bayadère del Corella Ballet Castilla y León- a Alina Cojocaru. Si todos conservábamos ya un excelente recuerdo, la verdad es que no defraudó. La suya fue una interpretación sublime, de esas que difícilmente pueden olvidarse. Ella es Aurora, es música, su danza fluye de una forma totalmente natural. Sus arabesques y attitudes son fantásticos, su expresión, su forma de moverse, de girarse, de mirar, de sonreír. Sus manos como plumas y sus pies de acero. Un regalo verla de nuevo y en tan excelente forma.
Los distintos príncipes estuvieron correctos en sus interpretaciones, el joven Serguei Polunin, Rupert Pennefather, Thiago Soares (a quien no vimos) y Johan Kobborg, partenaires atentos de sus respectivas princesas.
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El Royal Ballet en otro momento de su actuación (Foto: A.B)
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El papel de Hada de las Lilas tuvo dos intérpretes distintas. Destacó Claire Calvert quien hizo una interpretación elegante y convincente, aunque tal vez un poco distante, le faltaba ese punto de ternura que uno espera del hada buena.
Laura Morera, principal en el Royal Ballet, fue una de las hadas y la princesa Florina los días en que bailaba Tamara; su Pájaro Azul fue Steve McRae. El otro “cast” fue Yuhui Choe y Kenta Kura. La verdad es que todos estuvieron magníficos.
En cuanto a artistas españoles, además de Tamara y Laura, José Martín y Ricardo Cervera, primeros solistas, también estuvieron en escena en el Liceu y nos demostraron una vez más, el alto nivel de clásico que hay en nuestro país.
La Jove Orquestra Nacional de Catalunya en el foso, dirigida por la experta batuta en espectáculos de ballet de Valeriy Ovstanikov, sonó muy bien, sobre todo si se tiene en cuenta su juventud y los pocos ensayos que pudieron hacer.
Esta temporada nuestro Gran Teatre nos ha traído a las dos compañías de ballet más representativas del Reino Unido. Empezó con el English National Ballet, con su homenaje a los ballets rusos y ha acabado, fuera de abono, con el Royal Ballet.
Y ha quedado demostrado que en Cataluña, y en el Liceu, hay público de ballet. El Lago de los Cisnes del Corella Ballet Castilla y León debería verse en este teatro y ¿Podremos tener en Navidad el Cascanueces de la compañía catalana, la de David Campos? Para neoclásico y contemporáneo ya tenemos muchos recintos..
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