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Lo primero que conquista al acercarse a este hombre cuyos tour en l’air dejan boquiabiertos a los enamorados de la danza, es su expresión serena, dulce y algo aniñada. Delgado, menudo, pura fibra y músculo en 1,75 metros de estatura y 66 kilos de peso. Esta envidiable factura es fruto de una sencilla receta: Dieta mediterránea y mucho ballet. Ni alcohol, ni drogas, ni tabaco y tanto alterne como un monje de clausura. Corella sonríe: “Hombre, tampoco conviene exagerar. Hay bailarines para todos los gustos y, también los hay que consumen alcohol, tabaco e incluso drogas. Pero mi cuerpo es mi arma de trabajo, y lo cuido. Lo tengo fácil además, porque ni me atrae el alcohol, ni el tabaco, ni las discotecas. En eso soy un poco raro, la verdad”.
No lo parece. Realmente lo único raro de esta estrella de la danza que empezó a asombrar al mundo cuando a los 19 años inició su andadura como solista en el Metropolitan de Nueva York, es su sencillez. Ha recibido multitud de galardones, entre ellos el Prix de Benois, el Óscar de la danza, y ha brindado por sus éxitos con todo tipo de celebridades, desde reyes a presidentes de gobierno, pasando por todo el famoseo hollywoodense. Pero a él no le quita el sueño la sonrisa del poder. “Sigo siendo el mismo Ángel de siempre. Me gusta estar con mi familia, mis amigos y ahora también con mis perros. Disfruto de las cosas sencillas más que en una gran fiesta con todos los grandes actores y actrices de Hollywood”.
Hoy, a través de una larga entrevista telefónica Ángel me cuenta que tiene el verano lleno de actuaciones. “El 31 de Julio estaremos en las Noches Mágicas de la Granja con un programa muy completo: Suite de Raymonda, For 4, Soleá y Danse à gran Vitesse”. Corella habla con especial entusiasmo de Soleá, una pieza creada especialmente para los hermanos Corella por María Pagés. “Yo quería llevar algo a Nueva York muy español y que definiera un poco la relación que ha habido siempre entre mi hermana y yo. Nosotros no bailamos casi nunca en pareja porque ella es muy alta, pero a mí me apetecía algo que mostrara esa relación tan cómplice que tenemos y en Soleá se ve claramente”.
¿Cómo es un día en tu vida?
Bastante variado. Si no estoy de gira, me levanto a las 9, me ducho, le doy de comer a mis tres perros, los saco a pasear, cojo el coche, me vengo para acá, hago clase y ensayamos hasta las 6 y media o 7 de la tarde. Después depende, pero más o menos un cóctel de entrevistas, gestiones de banco, reuniones con la Junta de Castilla y León o, simplemente haciendo cosas para mi casa.
Con el tren de vida que llevas o eres superman o tu día tiene 30 horas…
¡Soy superman! (risas). La verdad es que tengo un equipo fantástico. Me he dado cuenta de que cansa mucho más el estar dirigiendo que el estar bailando. El que los chicos vean que yo estoy con ellos, que quiero y que me intereso, que no estoy simplemente sentado diciendo, estira el pie, sino que formo parte de todo lo que está sucediendo, eso me cansa mucho más que el estar bailando. Por eso pierdo peso, porque cuando estoy bailando hago mis ensayos, termino y ya está; pero cuando estoy dirigiendo, bailo, ensayo, dirijo y es todo un extra.
¿Cómo va tu salud?
Bien. Realmente no tengo ningún problema con mi salud; simplemente a veces me estreso porque hago muchas cosas a la vez. En Valladolid tuve unas bajadas de glucemia que no sabían cual era el origen y al final se vino que la causa no era otra que no comía. Había días que ni me acordaba de comer. Ahora me he impuesto la rutina de parar o sí o sí de 3 a 3 y media y tomar algo, aunque sólo sea un sandwich.
Lo cierto es que además de dirigir tu compañía sigues siendo uno de los bailarines estrella del American Ballet. ¿Te sientes el rey del rock and roll?
Soy absolutamente honesto si te digo que no me queda tiempo para pensar en mí. La carrera de 50 bailarines está en mis manos y eso es una responsabilidad tan grande que no te deja hueco para vanidades. Yo ya he vivido mis momentos de gloria y ahora lo que quiero es compartir y derrochar todo lo que he estado aprendiendo estos años con esta gente que es tan joven.
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Con Natalia Tapia en El Lago de los cisnes (Foto: Fernando Bufalá)
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¿Sabías que tu nombre figura como posible director de la CND?
Es la primera noticia que tengo sobre el asunto. Nosotros hemos tenido algunas conversaciones con el INAEM y con la Ministra y lo que hemos transmitido es que con el presupuesto que tiene la Compañía Nacional de Danza se podrían mantener perfectamente la CND y una Compañía de Clásico. Lo que me parece una locura es tratar de transformar la CND en una compañía de clásico. De todas maneras, yo creo que es mucho mejor no darle vueltas al asunto y dejar que los que tienen que tomar la decisión hagan lo que les parezca mejor.
Empezaste muy joven y triunfaste muy joven también. ¿Qué tuvo que ver la diosa Fortuna en esta historia?
Yo creo que todo influye, pero también estoy convencido de que hay cosas que están escritas y la vida te va llevando a ellas. Nunca pensé que iba a llegar adonde he llegado ni que durante 14 años iba a ser una de las estrellas del American. Me chocó tanto que es un sueño del que todavía no he despertado.
¿Cuántas piruetas hay que hacer para llevarte a ti al huerto?
(Risas) Ninguna, de verdad. Pero es extraño porque sexualmente también los bailarines seguimos siendo bailarines; a veces se transforma casi en una coreografía, pero yo creo que eso es algo que nos pasa a todos cuando estamos con alguien que realmente nos llega.
¿Eres el niño mimado de la Administración?
Yo pienso que no, todo lo contrario. Han sido años de muchísimo trabajo y no nos lo han puesto fácil. He tenido que llamar a muchas puertas y, a veces he sentido ganas de tirar la toalla y de pensar para qué estoy haciendo yo esto si realmente no lo necesito. Puedo seguir bailando con todas las compañías del mundo, dirigir una compañía en América y forrarme, cosa que no voy a hacer con una Fundación en donde cada final de año los números tienen que estar muy claritos y saber adónde ha ido a parar cada céntimo.
Hablando de números. ¿Cómo te lo montas en tiempos de crisis para llevar a cabo una producción como El Lago de los cisnes?
Con mucha inteligencia y mirando con lupa cada céntimo. Para nosotros lo más importante es que los bailarines cobren, que tengan cada mes su salario, eso es lo primordial. Y a partir de ahí se hace lo que se puede. En este caso, hemos tenido la suerte de que se han unido el Teatro de San Cugat, el Teatro Calderón de Valladolid y el Campoamor de Oviedo para asumir los costes de producción y eso ha sido favorable para todos.
Estás bailando desde los 7 años. ¿Qué se deja uno en el camino cuando pasa de la infancia a la madurez sin poder ceder a las tentaciones de la adolescencia?
Pues uno no se da cuenta de lo que deja porque nunca lo ha tenido. La perspectiva de mi vida ha sido: amo la danza y quiero ser bailarín. Sí que he dejado algo, claro. Había otros chicos que yo veía salir todos los fines de semana y ponerse de calimocho hasta las cejas. Y mientras, yo me iba a casa, veía una película y soñaba con lo que veía. Me gusta mucho el cine y creo que es parte de un bailarín el ser un buen actor, el meterte en la piel de otro personaje, como Romeo, y estar viviendo ese amor tan desesperado. Entonces, al ser un niño que ha soñado tanto, he sido muy feliz. Esos extras que han tenido los demás niños, yo he tenido otros.
Da la impresión de que no te pasas nunca. ¿Eres como Mary Poppins, prácticamente perfecto?
No, yo creo que nadie es perfecto, además yo creo que la perfección sería aburrida. Como buen escorpión soy muy cabezón, muy perfeccionista y muy pasional, pero al mismo tiempo soy extremadamente impaciente; si algo no sale bien soy incapaz de relajarme, de tomarme un descanso. Pienso que tiene que ser ya y ya.
¿Tú también pinchas en el culo a los bailarines/as cuando no se estiran bien, como hacían algunos maestros rusos?
¡Qué va! Yo no hago eso, les trato con mucho cariño. Les hago ver que puedo llevarles al máximo de sus posibilidades, pero son ellos los que tienen que querer. Esta es una profesión que requiere mucha pasión y mucho sacrificio; no hay lugar para pereza ni debilidades, hoy me duele un poquito la uña del pie no voy a bailar, pues no, eso aquí no cabe.
¿Qué tal te llevas con el tipo que te encuentras en el espejo cuando te vas a afeitar?
Bastante bien. No es falsa modestia, sé mis virtudes y mis defectos y los reconozco como tal. Soy una persona muy insegura, bastante más de lo que la gente cree. El hecho de haber puesto en pie a más de cuatro mil personas en un patio de butacas, te obliga a pensar que al día siguiente o haces lo mismo o te superas, no tienes otra opción. Y esa es una responsabilidad que a veces me ha asustado mucho y me ha creado mucha ansiedad.
Dime algo, si es que lo hay, por lo que, con gran dolor de tu corazón dejarías el ballet.
(Se lo piensa un rato) Cualquier cosa que afectara a mi familia. Si lo tengo que dejar, por supuesto que lo dejaría.
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